29 de agosto de 2012

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El atajo de teclados Ctrl+Z ha hecho mucho daño en la condición humana, cuántas veces hemos deseado extrapolar ese movimiento de dedos a nuestra rutina sin resultado ninguno.

Recuerdo cuando estudiaba diseño de interiores, que como consecuencia de pasar horas y horas y horas frente al ordenador con el autocad, cuando salía a la calle iba tecleando en mi mente todos mis movimientos, ya no se cuales eran esos pasos, pero si que me obsesionaba no ser capaz de abandonar la visión de la pantalla en mi vida cotidiana.
Con el Control Zeta es distinto, es más un deseo. Quisieras volver a atrás cuando cometes errores, deseas retroceder hasta el preciso instante en el que ese error te dejó en evidencia o hizo que él se fuese para no volver.
El hecho de no tener la capacidad para borrar aquello que hicimos mal, o que simplemente no hicimos como hubiesemos deseado, hace que la mayoría de las ocasiones nos contengamos, no hagamos, no caminemos y no desarrollemos proyectos ni cuadros, tenemos miedo a no estar a la altura, y que quede en evidencia el borrón, la mancha de haber errado.
El miedo nos deja paralizados, el miedo nos aprieta contra el suelo y nos deja con la duda de cómo hubiese sido si hubiésemos emprendido ese viaje.

Velázquez no tenía miedo al error, movía y modificaba sus cuadros una y otra vez, sabía que al final saldría aquello que andaba buscando, que aparecería antes o después la genialidad por la que hoy reconocemos su obra.

El pentimento hoy no sólo sirve para demostrar autorías de artistas, que en su virtud de humanos, se equivocaron o arrepintieron, sino que además sirve para demostrarnos una vez más que rectificar es de sabios, o de humanos.
En mi caso, la necesidad de negar lo que ha costado mucho tiempo de elaboración, es el adelanto a la posibilidad del fracaso.

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