11 de enero de 2013

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Ha empezado el nuevo año y con él, las ganas de subirme a ese toro enfurecido y cabalgar por encima de todas las barreras y fronteras agarrándome a los estribos con fuerza y rabia.
Estas navidades he estado en casa y he aprovechado para recoger todo aquello que mis padres como tesoros han ido colgando por todas las paredes, parece un museo de obra artística mía, las fotos son calidad móvil, pero ya tenía ganas de recogerlo, a veces creo que no le he dado importancia a aquello que he ido haciendo, si yo no tengo aprecio por aquello que hago, quién lo va a tener.

Son cuadros en su mayoría viejos, algunos de cuando aún iba al colegio, otros de inicios del instituto, experimentaciones, y regalos apresurados, como en el caso del cuadro de mi abuela, que se lo prometí durante mucho tiempo, cuando aún vivía, y lo fui dejando y dejando y un día enfermó, y entonces corrí para acabarlo, quería que ella fuese capaz de reconocerse, necesitaba llegar a tiempo, tuvo en medio de aquel infernal mes un periodo de mejoría, lo acabé, y quiero pensar que ella sabía lo que le enseñaba, sabía que era un retrato suyo, que aunque tarde había llegado a tiempo, a la semana de aquello, murió. Hoy el cuadro, mi madre, su hija, lo tiene colgado en su estudio.



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